Esquema de discusión
La ontología procesual del dato en sus términos
Concebido y dirigido por David Bories — Albi, Francia.
Redactado utilizando la inteligencia artificial generativa.
Versión 0.2.0-es — Octubre de 2026
Traducción realizada mediante inteligencia artificial generativa, bajo la supervisión del autor.
contact@artisanat-de-la-donnee.fr · https://artisanat-de-la-donnee.fr
Esquema de discusión
La ontología procesual del dato en sus términos
David Bories — Trabajo en curso, 2026
Nota sobre la traducción — Esta traducción re-fija el texto fuente sin desplazar su fondo. Algunos términos del corpus no tienen un equivalente evidente en español; las decisiones adoptadas, y la lectura que debe hacerse de ellas, se exponen en la sección «Decisiones de traducción», al final del volumen. Esta traducción no está congelada: evolucionará a medida que lleguen los comentarios de los lectores y se perfeccionen los medios de traducción. La versión francesa hace fe.
Preámbulo — Modo de empleo
Este documento no está hecho para leerse de un tirón, ni en voz alta. Es un esquema: una trama de términos sobre la que se borda de palabra. Cada entrada nombra una noción de la ontología procesual, la encuadra en unas pocas frases, y abre un comienzo de discusión. El desarrollo, en cambio, se hace con la palabra: el esquema pone a mano el vocabulario exacto; le toca a quien habla desplegarlo.
Se distingue en eso del manifiesto —que sustituye los términos por imágenes para dar ganas de seguir leyendo— y del volumen de arquitectura —que enuncia las tesis, las relaciona y remite a los tomos para su demostración—. Aquí, se encuadra y se abre. El texto es deliberadamente breve para dejar a la palabra todo su lugar.
Una regla gobierna el uso de los términos en la discusión: la distinción del fondo y la forma. El corpus solo afirma lo que es verdad del dato independientemente de las técnicas del momento (el fondo); se veda prescribir las puestas en práctica concretas (la forma), que caducan con las herramientas. En el debate, se defiende, pues, el concepto, nunca una implementación particular: los ejemplos contemporáneos ilustran, no fundamentan nada.
Los términos están ordenados según los tres tiempos del dato —fabricación, circulación, recepción—, seguidos de las nociones transversales y de una serie de preguntas vivas.
Tiempo I — Fabricación: el dato nace
Flujo de lo real. El mundo en su fluir, indiferente, que excede siempre los recortes que se hacen en él y nunca se detiene para dejarse contar; su continuidad y su inagotabilidad son casos importantes, no axiomas. No está hecho de datos: está hecho de acontecimientos que pasan. El dato no preexiste en él; nace de un acto que lo constituye. Para debatir: si lo real no espera a que se lo mida, ¿en qué cambia eso la idea de que «los datos están ahí, basta con recogerlos»?
Toma y acto de inscripción. El dato nace de un gesto: alguien percibe, distingue, interpreta, apunta a un fragmento del flujo, y lo inscribe en un soporte —cinco facultades—. Antes de ese gesto, no hay dato; después, un dato constituido, fijado en su soporte. El gesto es intencional y situado: retiene una cosa y deja escapar mil. La toma es la vía observacional de esta constitución; un dato puede nacer también de un acto que instituye (institucional: el voto contado, el saldo cerrado) o de otros datos (derivado: una media, una estimación). Para debatir: ¿quién toma, con qué intención —y qué se deja fuera de campo en cada inscripción—?
Flujo de observación, el canal. No una toma aislada, sino una serie reglada de tomas, cadenciada según una intención, que restituye a pequeños toques el movimiento de un fragmento de lo real. Es el canal que se cava en el río: infinitamente más pobre que él, pero dominable —se lo sigue, se lo reproduce, se lo conecta, se lo confía, se lo ciega—. Para debatir: pasar del «cubo» (el dato aislado) al «canal» (el flujo reglado): ¿qué desplaza eso en la manera de trabajar el dato?
Intención y criterios. Un canal nace de una intención, de la que se siguen los criterios que lo regulan: qué tomar, con qué cadencia, con qué fidelidad, con qué corpus de contexto, sobre qué perímetro. Estos criterios son la firma de la intención. Un canal no miente sobre lo real; solo muestra lo que sus criterios admiten. Para debatir: ante una cifra, ¿hay que preguntar primero «qué dice» o «qué intención la hizo nacer»?
Los dos tiempos del dato. El dato nace de dos gestos: un acto, que lo fija en un instante para siempre; un soporte, que lo hace durar. De ahí la resolución de una paradoja: el dato está a la vez congelado (su contenido no cambia) y envejeciendo (la brecha con lo real se ahonda). Tiene dos tiempos —uno eterno, el otro que se desplaza— que no miden lo mismo. Para debatir: ¿cómo puede envejecer una cosa congelada? ¿Y qué envejece, exactamente, si no es el contenido?
Frescura y caducidad. La caducidad no es una alteración del dato, sino la relación que se ahonda entre un dato inmóvil y lo real en movimiento. Su velocidad no pertenece al dato: pertenece al fragmento de mundo tomado. La caducidad no es, pues, una ley uniforme: la validez de un dato se juzga para un uso —la misma inscripción puede estar vencida para la alerta y ser exacta para la historia—. La frescura no se recupera —un dato no se rejuvenece, se toma uno nuevo—. Para debatir: si el valor de un dato se juzga para un uso, ¿qué le hace eso a la idea de «patrimonio de datos» o del dato como «nuevo petróleo»?
Fuentes estables. Casos en que la caducidad es tan lenta, en relación con el uso, que es imperceptible: la gramática de una lengua, una constante física, un hecho histórico establecido. La estabilidad no como ausencia de movimiento, sino como relación entre dos velocidades. Solidez real —a condición de tenerla por una larga duración, nunca por una eternidad—. Para debatir: ¿sobre qué «fuentes estables» construye una sociedad, y qué arriesga al confundir una fuente estable con una fuente que caduca deprisa?
Óptimo observacional. Más no es mejor. Entre la subtoma (se pasa por debajo del umbral, se pierde la señal) y la sobreingeniería (se toma más allá de lo necesario, no se gana nada salvo costo), existe una zona en la que el canal está cavado de la mejor manera. El óptimo es el reglaje conjunto de la cadencia, del corpus y de la probidad que maximiza la diferencia favorable entre beneficio y costo, para el uso apuntado. No existe un óptimo universal: la pregunta —¿puede lo real observado cambiar de manera significativa entre dos tomas?— vuelve a plantearse cada vez. Para debatir: contra el reflejo de «siempre más datos», ¿dónde se sitúa el «justo lo suficiente» —y quién lo juzga—?
Salto sistémico. Más allá de un umbral, la acumulación de mejoras deja de mejorar y se pone a transformar: el régimen cambia de naturaleza. Unas imágenes lo bastante cercanas no dan una serie de fotos más densa —dan el cine—. Una transmisión lo bastante acelerada no da un correo más rápido —da la instantaneidad—. El salto se mide por lo que hace posible (y que no existía) y por lo que vuelve caduco (y que parecía adquirido). El concepto señala la posibilidad; no predice ni cuándo ni dónde (forma). Para debatir: ¿qué «saltos sistémicos» hemos atravesado ya sin nombrarlos —y qué volvieron caduco—?
Datos consolidados y flujos derivados. De un flujo de observación se pueden extraer datos consolidados —medias, tendencias, estados— de alto valor de uso; y un flujo puede engendrar otros, de segundo orden, más densos. Los flujos engendran flujos. Se los almacena, reproduce, depura, enriquece, fusiona, transmite, suprime —otros tantos asideros ganados sobre una realidad que, por su parte, se pierde a cada instante—. Para debatir: a medida que se consolida y se deriva, ¿qué se pierde de la toma de origen —y se sabe todavía—?
El bucle, o la observación no neutral. Se observa para decidir, se decide para actuar, y la acción transforma lo real —que pide nuevas observaciones—. Observar para actuar es entrar en el movimiento de lo real y modificarlo. El dato nunca es un simple espejo: participa de lo que pretende describir. Para debatir: ¿dónde se ve una observación transformar lo que observa —y quién asume esa transformación—?
Tiempo II — Circulación: el dato viaja
Acto de intercambio. El segundo gesto fundador, simétrico del acto de inscripción: poner un dato en movimiento hacia un destinatario. Extiende la disponibilidad del dato y su posibilidad de uso; no lleva a cumplimiento ni el dato ni su lectura. Intercambiar nunca es una transferencia neutral; el gesto reclama a alguien y compromete una responsabilidad. Para debatir: ¿qué se compromete, exactamente, en el momento en que se decide transmitir un dato?
Soporte de transporte. Todo dato en movimiento está, en cada instante, inscrito en un soporte físico: no hay transporte inmaterial. El soporte cumple tres funciones mínimas —desplazar, transmitir, hacer accesible—. Para debatir: ¿qué cambia el hecho de recordar que ningún dato circula «sin suelo», sin materia ni energía?
Doble navegación. Al desplazarse, el dato hace dos trayectos a la vez: una navegación espacial (el soporte cambia de lugar —querida, dominada—) y una navegación temporal (lo real se aleja durante el trayecto —padecida—). Transportar es siempre, además, dejar envejecer. Para debatir: ¿en qué momento el «viaje en el tiempo» de un dato transportado se convierte en un problema práctico?
Transporte como relación entre dos desplazamientos. El transporte solo está cumplido si dos movimientos se juntan: el del dato hacia el lector, y el del lector hacia el dato. Su criterio de cumplimiento: la parte del lector vuelta practicable —que tenga el tiempo, el medio, el código para hacer algo con él—. Para debatir: depositar un dato «al alcance» de alguien que no puede descifrarlo, ¿es haberlo transmitido?
Fidelidad del transporte. Un dato puede llegar corrompido, truncado, o intacto pero separado del contexto que lo hacía legible. La fidelidad nunca está garantizada de antemano: ¿ha resistido el soporte, ha sobrevivido el formato, se ha transmitido el sentido con lo necesario para comprenderlo? Para debatir: ¿qué es lo que más a menudo se pierde durante el trayecto: el dato mismo, o lo que permitía leerlo?
Multiplicación por copia. Transmitir un dato, la mayoría de las veces, no es desplazarlo, es copiarlo: el original se queda, aparece una réplica. El dato no se multiplica —siempre hay un solo hecho—; se multiplican sus portadores. Se comparte como un hecho, sin desposeer a quien lo transmite. De ahí una difusión potencialmente ilimitada, de dos caras: comunes abiertos de un lado, filtraciones irrecuperables del otro —la misma ley vista desde dos lados—. Para debatir: la generosidad (el común) y la filtración proceden de la misma propiedad: ¿cómo pensar la una sin negar la otra?
Una respuesta practicable: el límite está en el gesto, no en el dato. Se elige lo que se tiende; el pliego sigue cerrado para quien lo lleva; nada se inscribe en el otro sin su gesto de acogida. La generosidad y la filtración proceden de la misma propiedad —pero la generosidad es un gesto limitado tres veces, y la filtración es lo que queda cuando falta uno de los tres límites—.
Propagación. El agregado de los transportes: el dato depositado en todas partes a la vez. Hacer común no es multiplicar el dato, sino rebajar el costo de la parte del lector hasta que el mayor número pueda cumplirla —lo que hizo, históricamente, la biblioteca pública—. Para debatir: «hacer común», ¿es abrir el acceso al dato, o volver practicable la lectura para el mayor número?
El común del canal. El común no es un lugar donde el dato se acumula: es lo que rebaja el costo de su viaje entre lectores situados, sin multiplicar sus portadores más allá de los que lo reciben. Un común que concentra ya ha dejado de ser un común: se ha convertido en una fuente —con el poder de una fuente—. Para debatir: ¿puede un común seguir siendo un protocolo, o todo protocolo acaba segregando su depósito?
«Propagar el dato no es propagar el conocimiento.» El dato llega al alcance; la información, el conocimiento, la sabiduría no viajan con la señal. Exigen que el lector haga su parte —descifrar, integrar—. Una sociedad puede estar atravesada de datos como nunca sin ser por ello más instruida. Ningún perfeccionamiento del transporte cumplirá la parte del lector en su lugar. Para debatir: ¿estamos mejor informados porque estamos mejor regados de datos, o es una confusión?
Impedimento del transporte. La relación puede verse impedida de dos maneras, diferentes en el fondo. El impedimento voluntario, el secreto: se cierra el acceso por un interés propio. El impedimento involuntario, la incapacidad: el destinatario no puede hacer su parte, por falta de código, de medio, de acceso. Remediar la incapacidad sin forzar los secretos abre el lugar de una artesanía del dato. Para debatir: ¿hay que tratar del mismo modo lo que está oculto por elección y lo que sigue ilegible por falta de medios?
Torrente, sobrecaudal, autoamplificación. Multiplique canales, copias, velocidades, destinatarios: el arroyo se convierte en torrente —el régimen en el que marcamos lo real más deprisa de lo que ninguna mirada puede seguir—. Visto desde el lector, es el sobrecaudal: pasa ante cada uno infinitamente más de lo que puede recibir, siempre en relación con su ventana finita. El torrente crece por autoamplificación: la circulación pide circulación, el bucle cava su propio lecho. Para debatir: el sobrecaudal, ¿es un hecho de la técnica, o de nuestras elecciones de tomar y propagar siempre más?
Sabiduría colectiva. A la escala de un colectivo, abstenerse o inflexionar un régimen de circulación nunca es neutral —es una posición, desde el momento en que se vuelve visible y deliberada—. Rejilla de lectura, no bandera: describe la estructura de una elección colectiva (adoptar o rechazar un régimen), sin aprobarla. Para debatir: decidir colectivamente no captarlo todo ni propagarlo todo, ¿es una renuncia, o una decisión plena?
Tiempo III — Recepción: el dato es leído
Acto de lectura. Más corto que el acto de inscripción: moviliza percibir, distinguir, descifrar, y se detiene ahí. No apunta ni inscribe —eso sería producir un dato nuevo, no leer el que está ahí—. Leer un termómetro no fabrica un segundo termómetro. Para debatir: ¿dónde se detiene la lectura y dónde empieza una nueva inscripción?
Lector situado. Quien lee nunca es una mirada de ninguna parte: lee desde un cuerpo (o, para una máquina, un entrenamiento), una atención finita, un corpus de conocimientos que le permite descifrar esto y no aquello. La máquina que «lee» ocupa una posición situada de relevo o tratamiento, con su propia ventana; solo es lector efectivo si un sentido se actualiza para ella, cosa que el corpus no zanja —asimetría que hay que examinar, no frontera nítida—. Lo que no se delega sin resto es la imputabilidad: alguien debe responder de lo que se retiene. Para debatir: la misma inscripción no entrega lo mismo a todos: ¿qué implica eso para la idea de un dato «objetivo»?
Ventana de lectura. La porción acotada de lo que desfila que un lector puede captar, recortada por su cuerpo, su atención, su saber. La ventana no es una prisión sino la condición de toda lectura: muestra porque recorta. Los instrumentos (lupa, filtro, resumen) desplazan la ventana; nunca la abolen, y cada desplazamiento abre nuevos ángulos muertos. Para debatir: ¿se puede soñar con una lectura «total», o el límite es lo que hace posible la lectura?
La huella, o el dato. Sin lectura, el dato permanece constituido: es el acto de inscripción el que lo hizo existir; la lectura, por su parte, lo actualiza. Un dato que nadie lee no es una huella que espera: es un dato hecho, al que le falta un lector —no actualizado, o mudo para este lector—. Solo vuelve a ser huella —una marca sobre un soporte, privada de la interpretación que hacía de ella un dato— en el caso límite del dato muerto. Para debatir: de una montaña de datos almacenados y nunca leídos, ¿qué vale lo que permanece constituido sin ser nunca actualizado?
Dato mudo / dato muerto. El dato mudo tiene una interpretación, pero este lector no la posee: estado relativo y reversible (mudo para mí, legible para otro, o para mí mañana). El dato muerto es el ideal límite en el que ya ningún lector, en ninguna parte, puede interpretarlo: la interpretación está perdida universalmente, solo queda la inscripción —solo ahí el dato recae en huella—. El torrente fabrica en masa datos no actualizados, un poco de mudez duradera, y a la larga muy poca muerte. Para debatir: ¿cómo distinguir, en lo que no se ha leído, lo que es mudo (rescatable) de lo que está muerto (perdido)?
Los tres caminos. Tres maneras de no actualizar: un dato no se lee por tres razones, que no piden la misma respuesta. La incapacidad: no se puede leer (faltan el código, el medio, el acceso) —remediable—. El desinterés: se podría leer pero no se hace —asunto de atención, no de medio—. La caducidad rápida: el dato no ha esperado —su frescura era demasiado breve; vencido para ese uso, sigue constituido—. De ahí el enunciado central: no todos los datos no leídos son fracasos. Para debatir: la tarea del lector desbordado no es leerlo todo, sino discernir lo que vale la pena leer: ¿según qué criterios?
Tres posturas. Ante el sobrecaudal, el lector dispone de tres gestos, combinables, cada uno con su costo. Encuadrar: elegir deliberadamente lo que se mira y lo que se deja pasar. Delegar: confiar la propia lectura a otro —humano o máquina— heredando su ventana y sus límites. Aceptar: consentir con lucidez en que una parte se escape. Para debatir: cuando se delega la propia lectura en una máquina, ¿qué se hereda sin verlo siempre?
Probidad del lector. La ética mínima de quien sabe lo que lee, lo que no lee, y lo que ha delegado de su lectura. (No confundir con la probidad como variable del óptimo —la fiabilidad de la toma, en el tiempo 1—.) Para debatir: ¿qué es una lectura honesta en la era del sobrecaudal, cuando nadie puede leerlo todo?
El referente. Cuando el desciframiento de un lector tropieza con el límite de su corpus, se dirige a un corpus más rico: el no conocedor al conocedor. Relación asimétrica pero recíproca en su principio —cada uno es el conocedor de alguien y el no conocedor de otro— y que no es una jerarquía de valor entre personas. Para debatir: ¿en quién se confía para leer lo que no se sabe leer —y cómo puede esa relación ayudar sin desposeer—?
Nociones transversales
Dato observado / dato verosímil. El observado se toma del flujo de lo real; el verosímil lo produce una modelización —se parece a una observación sin serlo—. La distinción gobierna toda la relación con los contenidos generados (estadísticas, simulaciones, salidas de IA). Para debatir: ¿en qué se reconoce, y con qué consecuencias, que un dato ha sido observado y no producido?
Inapropiabilidad del flujo. Se puede poseer un archivo, un soporte, una inscripción —un canal—. No se posee el flujo de lo real, que fluye para todos a la vez: lo que uno toma de él no quita nada a lo que el otro puede tomar. Esta no rivalidad es ontológica: no prejuzga ningún régimen jurídico —soporte, base, secreto, persona, acceso se resuelven cada uno en su orden—. Lección de modestia (nadie tiene el río) y de libertad (nadie puede pretender poseerlo en nuestro lugar). Para debatir: la verdadera cuestión política, ¿es «quién posee los datos» o «quién decide lo que se toma, y quién conserva el acceso al flujo»?
Fondo / forma. El corpus dice lo que es verdad independientemente de las técnicas (el fondo) y se veda prescribir las implementaciones (la forma). Afirmar que existe un óptimo es de fondo; decir dónde se sitúa aquí es de forma. Los ejemplos fechados ilustran, no fundamentan. Para debatir: ¿cómo mantener un discurso duradero sobre el dato cuando las técnicas, por su parte, caducan deprisa?
Hecho compartible entre disciplinas. El corpus no aporta ni método ni herramientas, sino una gramática conceptual común a disciplinas que producen, intercambian y leen datos sin compartir los términos para pensar su estatuto. Para debatir: ¿en qué condiciones se vuelve un dato un hecho compartible de un dominio a otro?
IA y LLM (estatuto ilustrativo). En el corpus, la IA no es un concepto sino una ilustración. Un gran modelo de lenguaje es una copia de seguridad: aprendido de un mundo congelado en una fecha, diverge del presente —de ahí los intentos de reconectarlo en directo con el flujo—. Se lo puede leer como un salto sistémico del almacenamiento, y como una posición situada de relevo o tratamiento más —lector efectivo o no, cuestión que el corpus no zanja—. Para debatir: ¿desplaza la IA el gesto del conocimiento más que sustituirlo —y qué colma en silencio—?
El artesano del dato — un oficio vacante. Caso particular del referente: el referente del dominio propio del dato, para las muy pequeñas estructuras excluidas de la economía industrial del dato. El corpus establece su necesidad y reclama su creación —no lo describe como existente—. Actitud: ayudar, hacer autónomo, no desposeer. Para debatir: suponiendo que ese oficio sea necesario, ¿qué lo distinguiría de un proveedor que se hace indispensable?
Preguntas vivas — puntos de controversia
Una decena de entradas para lanzar y sostener una discusión. Cada una pone en juego sus términos.
- ¿Es el dato una cosa que se recolecta, o el resultado de un acto que lo constituye —toma, institución, derivación—? (flujo de lo real, toma, acto de inscripción, tres familias de constitución)
- Si un dato solo es válido para un uso, ¿qué justifica todavía acumularlos? (dos tiempos, frescura, caducidad, validez para un uso, fuentes estables)
- «Siempre más datos»: ¿progreso, o error de reglaje? (óptimo observacional, subtoma, sobreingeniería)
- ¿Cuándo deja una mejora de mejorar para transformar? (salto sistémico)
- Propagar el dato, ¿es propagar el conocimiento? (propagación, parte del lector)
- El sobrecaudal, ¿se padece, o lo producen nuestras elecciones? (torrente, sobrecaudal, autoamplificación)
- Un dato que nadie lee, ¿sigue existiendo como dato —y qué le falta—? (dato constituido / actualizado, dato mudo, dato muerto, huella)
- ¿Son fracasos todos los datos no leídos? (los tres caminos)
- Delegar la propia lectura en una máquina: ¿qué se hereda, y quién responde de ello? (lector situado, posición situada de relevo o tratamiento, lector efectivo, ventana, tres posturas)
- La cuestión política del dato: ¿quién posee, o quién toma y accede? (inapropiabilidad del flujo)
- ¿Tienen el mismo estatuto un dato observado y un dato verosímil? (observado / verosímil, IA)
Para el desarrollo completo de cada noción, véase el corpus A prueba del flujo — una ontología procesual del dato (diecisiete volúmenes). Este esquema no es más que su tabla de términos, abierta a la discusión.
David Bories — Concebido y dirigido por el autor.
contact@artisanat-de-la-donnee.fr
Decisiones de traducción
Estas notas dicen cómo leer las palabras españolas que traducen los términos del corpus; las fija para toda la traducción española la Carta de traducción del corpus.
- esquema traduce el canevas del título (Esquema de discusión, fijado); en el modo de empleo, la imagen francesa del bordado se conserva en el verbo bordar.
- toma / tomar (prélèvement, prélever): el gesto de tomar del flujo; tomar no se emplea en sus usos corrientes. Subtoma y sobreingeniería traducen sous-prélèvement y sur-ingénierie.
- caducidad; caducar; vencido (péremption; se périmer; périmée): la relación entre un dato inmóvil y lo real en movimiento; vencido dice la brecha continua («vencido para la alerta»).
- encuadrar traduce cadrer en todo el esquema («Aquí, se encuadra y se abre»), la misma raíz que la primera de las tres posturas (encuadrar, delegar, aceptar).
- reclama a alguien traduce «le geste appelle quelqu’un»: el gesto de intercambio pide un destinatario.
- posición situada de relevo o tratamiento y lector efectivo siguen el Léxico canónico; actitud traduce la posture del artesano, para no confundirla con las tres posturas del lector.
- rescatable traduce el récupérable del dato mudo; recuperar queda para lo que no se recupera (la frescura).
- Títulos. Esquema de discusión traduce Canevas de discussion; el corpus es A prueba del flujo — una ontología procesual del dato.